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lunes, 17 de diciembre de 2012



Beatriz Echeverri

El cuerpo, un campos de batalla

 (Salamina.Colombia, 1936)




En esta obra, el huracán de la violencia colombiana entra a desestructurar los códigos tradicionales de la representación del cuerpo femenino. Las imágenes icónicas de la mujer en el arte colombiano, instaladas en la  plácida  belleza de las madonas o de las damiselas de un Cano o un Garay, se deshacen en esta escultura contemporánea que habla de las violencias sobre el cuerpo femenino. La piel de porcelana de las mujeres ideales se convierte aquí, y no sólo por una necesidad formal,  en un rudo cuero. 


Sin titulo - Beatriz Echeverry






















Mujeres con cadenas en su pubis, en sus manos, con suturas en el vientre preñado, cuerpos contrahechos donde la anatomía se desbarata ante las necesidades expresivas. Quizás el orden social quebrado no puede producir más cuerpos armónicos. O quizás el desorden social sólo halla su imagen en el desorden corporal de estos engendros.

Mujer sola - Beatriz Echeverri

 En la historia de la infamia local, los cuerpos desmembrados de la guerra han constituido una macabra tradición desde el conflicto políticos de la década del 50. Por eso no es de extrañarse que también haya sido un tema insistente de nuestra iconografía desde los tiempos de Luis Ángel Rengifo y Carlos Correa, hasta las más recientes interpretaciones de Grau y Botero, entre otros cientos. 

Sin titulo, Cabeza - Beatriz Echeverri



















Sin embargo, el lugar de la víctima suele estar ocupado en aquellas imágenes por cuerpos masculinos. Beatriz Echeverri, al contrario, habla  aquí de los cuerpos femeninos como  botín de guerra. Cuerpos monstruosos para tiempos monstruosos que también proponen una lectura  de género sobre el ejercicio de la violencia en Colombia. 

Nape - Beatriz Echeverri



Tomado de "El Arte en Caldas: Las Mujeres". Prólogo por Sol Astrid Giraldo

Obras de Beatriz Echeverri http://www.colarte.com/colarte/conspintores.asp

Flores de Fuego: la anatomía del deseo de Flor María Bohout
 Bello (Colombia), 1949. Vive actualmente en Guadalajara, México




Las mujeres de Flor María Bohout se entregan a la pasión, al instinto, los excesos y al descontrol. Son mujeres  que, a diferencias de las habitantes de los paraísos de la publicidad,  ya no desean ser deseadas  sino  que desean. Y en ello se empeñan con manos, cabellos, senos,  uñas, dientes, piernas y vaginas. No le temen a la carne, sino que buscan en ella su cielo.  Y lo hacen desde una posición activa. En el juego de los sexos, se resisten a ocupar el papel del fetiche: inauguran en los imaginarios del arte colombiano la inédita categoría de la mujer-sujeto sexual.


Los  cuerpos de Bouhot son paganos por su ruptura definitiva con la anatomía piadosa que se había establecido en la representación de los cuerpos colombianos desde sus fuentes barrocas. Esta anatomía privilegiaba ciertos órganos, los aéreos, los relacionados con el cielo  como el rostro, las manos y los brazos, en detrimento de la zona innoble  que quedaba cerca de la tierra y debajo de la cintura, creando todo un sistema  (la anatomía en pendiente de la que habla Vigarello), de lo más valorado en la parte superior a lo más vil en la parte inferior . 


Los cuerpos de Flor María, al contrario son totales. Sus mujeres están representadas de los pies a la cabeza. Ya no están  fragmentadas ni por los preceptos de la anatomía piadosa  ni  por la mirada voyeurista masculina de la iconografía publicitaria. Un  deseo salvaje  rebautiza estos cuerpos y les devuelve su totalidad. En un inédito acto de autoconciencia erótica, el deseo se expresa aquí en las pestañas, en las lenguas, en la caída de las bocas, en las manos crispadas, en la tensión de las piernas, en la turgencia ce las caderas, en los dedos de los pies. Una nueva anatomía, la  del deseo, se ha  instaurado. Y es una mirada de mujer la que construye ahora estos cuerpos,  mientras mira los mecanismos y la gestualidad de su propio deseo.



Así, estos cuerpos logran desnudarse, no sólo de vestidos, sino de clichés, estereotipos, idealidades e incluso de manierismos pornográficos.  Una tarea nada fácil, porque el tema de la desnudez  ha sido problemático en nuestra tradición.  Sin embargo, estos cuerpos   desvergonzados de Flor María, desconocen las expulsiones del Edén, las manzanas aleccionadoras, las serpientes capciosas. Se instalan sin remordimientos ni sombras en sus propios y autónomos paraísos de vida, lujuria y carne 
Cuerpos de mujer plenos, enfáticamente desnudos, decididamente sexuales, asertivos, monumentales, habitantes del exceso.



Tomado del libro "Cuerpo de Mujer: Modelo para armar" de Sol Astrid Giraldo.