lunes, 17 de diciembre de 2012


Liliana Estrada



El obscuro objeto del deseo



Liliana Estrada se ocupa de aquella violencia privada de la que no se habla. Su foco es  la violación, a la cual se acerca zarandeando algunos clichés femeninos. 




En la construcción visual del género, la ropa tiene un importante papel. Los cuerpos de las mujeres están marcados simbólicamente por telas blancas y frágiles que remiten a la pureza. Los vestidos de niñas que  llegan a esta instalación, sin embargo, están manchados por el rojo de la sangre y el negro de la violencia. Una contaminación que sucede en silencio, pues el volumen de la violencia es tal que no necesita parlantes.



 En esta instalación nada se ve, pero la tragedia se presiente. Incluso el cuerpo está ausente y apenas  es evocado por algunos fragmentos. No hay rostros.  Sólo  pedazos de unas piernas que no tienen el contorno exigido por los cánones estéticos  ortodoxos. Son frágiles, están llenas de cicatrices. 




Mientras los pies, usualmente olvidados de las iconografías femeninas, emergen exhaustos, rendidos o amarrados
Están  sobre un fondo floral oscuro: es que los lechos de rosas albergan espinas. La cabeza de un ratón enfatiza las fuerzas oscuras que estructuran por debajo la escena. 



Estas fotografías son las piezas desoladas de un rompecabezas al que le faltan fichas que nunca aparecerán.  Las imágenes están instaladas, creando un opresivo espacio de confinamiento, que remite a un  altar atroz donde el otro es negado en un omnímodo acto de poder.  Espacio cargado donde flota sin redención esta Ofelia, reducida a un vestido: guante, huella y reliquia  de su aniquilación corporal.

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